Ese freno llamado miedo que nos paraliza

No veo nada. Tengo los ojos abiertos y miro desesperadamente por todas partes buscando algún rastro de luz, pero todo está oscuro. Sigo buscando. A veces podemos encontrar algo de luz que entra por la rendija de alguna ventana o puerta. No pierdo la esperanza. Quizás al cabo de un rato, acostumbrada a la oscuridad, pueda empezar a distinguir algunas sombras. Pasan los segundos. Decido desplazarme hacia adelante muy despacio para no tropezar con ningún objeto. Voy a usar las manos. Es posible que consiga tocar un mueble, la pared, algo que me sirva de guía. No hay nada. Intento avanzar, pero tengo la extraña sensación de seguir siempre en el mismo lugar, sumida en una total oscuridad.  Empiezo a ponerme nerviosa y noto como el corazón se me acelera. Tranquila, lo mejor es pedir ayuda.  Entonces, como último recurso, decido llamar a alguien. Las palabras no salen de mi boca. Grito, y no hay ningún sonido. Silencio. Me siento sola en un absoluto vacío. Miedo.

Así podemos sentirnos ante una amenaza o peligro: perdidos, sin rumbo, solos y asustados. Tenemos esta sensación, con mayor o menor fuerza, en muchas ocasiones de nuestra vida. El miedo forma parte de nosotros desde que nacemos. Ya desde nuestra edad más temprana tenemos pánico a perder de vista a nuestros padres o cuidadores. Si dejamos de verlos o se alejan, empezamos a gritar como si nos fuera la vida en ello. Es nuestra forma de protegernos a nosotros mismos, el miedo nos hace gritar para protegernos. Está unido a nuestro instinto de supervivencia.

Sentimos temor ante diversos tipos de situaciones. Y es que es lógico, por ejemplo, tener miedo al daño físico. Nadie quiere caerse, quemarse, cortarse, ni tener ningún tipo de accidente. Tampoco es agradable enfrentarse a lo desconocido. Nunca sabemos lo que nos espera tras un cambio de ciudad, el comienzo de un nuevo trabajo o de un nuevo curso. El miedo al fracaso también nos invade frecuentemente. ¿Qué pasa si no consigo aprobar las oposiciones? ¿Cómo hago si no consigo sacar el carnet de conducir? ¿Y si pierdo mi trabajo? No paramos de hacernos cientos de preguntas. Para los más tímidos añadimos el reto de exponerse a los demás: hablar en público, mostrar sus sentimientos a alguien revelando lo más profundo de su alma.  Y no olvidemos el temor por el sufrimiento de las personas que amas, ese sentimiento a veces inefable que está siempre presente en nuestras vidas. Es una lista interminable.

No sé muy bien si decir que es un bien o un mal necesario. Es de un poder incalculable, y a veces puede ayudarnos a evitar un mal mayor. No hay duda de que, si está ahí, es para protegernos en ciertas ocasiones. Cuántas veces no habremos dicho: “menos mal que no me lancé, qué alivio, hice bien”. Es evidente que a veces juega un rol protector.

Pero como todo, puede ser bueno en su justa medida. A veces toma demasiada intensidad y nos dejamos dominar. Quedamos paralizados y atrapados como pájaros enjaulados que no pueden volar. Me refiero aquí a situaciones particularmente difíciles o delicadas. Es entonces cuando el miedo se convierte en nuestro mayor enemigo. Puedo oír cómo nos susurra al oído: “no eres capaz, seguro que sale mal, ¿has pensado en las consecuencias?”. Hace uso de toda su fuerza para lanzar sus afilados dardos sin piedad. Y nos hace dudar, llorar, sangrar en lo más invisible de nuestro ser. Nos rompe y destruye nuestra confianza, nuestra autoestima. Y cuando ha terminado, se sienta a nuestro lado dándonos la mano y nos vigila para asegurarse de que seguimos en el mismo lugar, sin dejarnos avanzar. Para reconfortarnos dice: “no te preocupes, estás mejor aquí, quédate conmigo” y se ríe. Le encanta ganar. ¿Y tú? Pues tú no haces nada, sigues en el mismo lugar, no te ha sucedido nada porque sencillamente no has hecho nada, nada para cambiar tu sufrimiento, nada para evolucionar, nada para conseguir tus sueños, absolutamente nada.

Si esto no tiene nada que ver contigo y estás exactamente en la situación en la que deseas estar te doy la enhorabuena, no todos son tan afortunados. Cuidado con el conformismo que, aunque a veces viene bien, no siempre es lo mejor. Que no os vaya a engañar el miedo, es su truco preferido.

Claro que tenemos límites y que hay que ser realistas, hay que tener conocimiento. Pero justamente somos más capaces de lo que pensamos.  Y cuando pensamos que ya hemos hecho lo máximo de nuestra capacidad, aún podemos hacer más, porque somos inteligentes, fuertes, perseverantes, tenemos una gran voluntad y calidades innumerables que también forman parte de nuestro instinto de supervivencia y que nos hacen ir mucho más allá. Lo hemos visto en casos extremos de supervivencia y lo hemos justificado convirtiendo en heroínas a algunas personas. Efectivamente esas personas han destacado por su coraje, pero no es algo que sea innato a sólo unos cuántos, todos somos capaces de sacar lo mejor. No fijemos tantos límites, dejemos que puedan cruzarse y permitirnos avanzar. Seamos nosotros quienes paralicemos al miedo, a nuestro ritmo, pero siempre hacia adelante, que no nos impida volar.

Me parece oír una voz: “¿Estás seguro de que estás en la situación en la que deseas estar?». Tengo los ojos abiertos y, sin embargo, estoy en la oscuridad. Sé que puede suceder. Voy a gritar. Se oye una voz. Es la mía. Sonrío. Valor. Confianza. Todo irá bien.

15 comentarios sobre “Ese freno llamado miedo que nos paraliza

  1. Tienes mucha razón,el miedo nos paraliza ,solo los que no aprecian la vida,la familia ,se lanzan al vacío ,yo los admiro ,siempre se ha dicho que no se ha escrito nada de ningún cobarde,yo soy de las que no se escribirá

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    1. No estoy muy de acuerdo con lo que dices sobre los cobardes… En el Best Seller “La Santa Biblia” sale un tal Judas, un cobarde de libro y desde luego, largo y tendido se ha escrito sobre él. De todas formas, en el otro extremo están los héroes, y el dicho popular dice que “de héroes están las tumbas llenas.”. En fin, yo soy de los que opinan, (por propia experiencia) que al miedo o a nuestra natural inclinación a sentir miedo, hay que entrenarla, ponerla a prueba y cada día desplazar su umbral un poco más lejos… Abrazos.

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  2. Ese miedo. Recuerdo a un amigo de Marsella, mi pueblo tan puritano y al mismo tiempo mogigato, como se dice por aca. Este amigo escuchaba con insistencia una canción “tengo miedo” referida a un miedo interior hacia la manera como le repondería la chica de quien estaba enamorado. https://www.youtube.com/watch?v=RmoCgj3BCLI
    y veo varias con ese tema. Y recuerdo esa educación tan complicada cuando despertamos en nuestra identidad con un sentir y emoción hacia las mujeres, las mamás se encargaban, no se si por celos o que complicación moral, de hacernos ver a las mujeres como brujas, y otra manera era hacernos objetos de burla porque estábamos enamorándonos, como si eso fuese un gran pecado. Siempre he pensado en eso y no me atrevo a escribir sobre el asunto porque no lo he investigado. Son asunto de esa cultura que complicaban ciertas doctrinas religiosas o la manera como la interpretaban los feligreses. Ya me despertaste otra vez esa búsqueda. Feliz dia.

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  3. Lo mejor que se puede hacer es dejar de huir del medio. Es una gran oportunidad para crecer si lo afrontamos directamente. Magnifica tu reflexión porque tocas un tema sensible y que condiciona nuestra manera de ver la vida. Bien por ti. Saludos.

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    1. Gracias, me alegro de que te guste. Precisamente el motivo de que lo haya elegido como tema es que nos condiciona bastante y dependiendo de si lo afrontamos o no nuestra vida puede cambiar totalmente. Además a veces no nos damos ni cuenta de que es el miedo el que no nos deja avanzar. Me parece un tema bastante importante. Un saludo

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  4. Gracias por los “me gusta” que has dejado en mi blog. Siempre es un placer pasar por el tuyo. A mí también me interesa una alimentación más natural, es decir, más sana, y temas afines Es, igualmente, un placer echarle un vistazo a tus artículos en francés. Esta es mi segunda lengua. Que tengas una buena semana.

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